La vaca feroz
Había una vez un temible dragón por las llanuras de un temible palacio encantado por un temible rey. Todo era tan temible, que la paz se consideraba un oxímoron en este lugar. La esperanza valía su peso en oro, o sea, nada.
Este era el panorama de este reinado. El rey temible(el cual poseía un nombre también temible) maltrataba a sus súbditos, los esclavizaba hasta la muerte, y como ya hemos dicho y predicho, todo era temible. Era temible pronunciar la palabra temible. Era temible reírse, pensar, alabar, jugar a las cartas. Todo era temible. La nada era temible. Lo único que no era temible, era la muerte, que es indeterminada.
Sin embargo, como en todo cuento aburrido de hadas, y como con todo dictador, este rey maltrató tanto a una vaca(obviamente, el personaje principal de este cuento, sino, no se llamaría "La vaca feroz") que el odio empezó a acumularse. De a poco, de a gotita, pero se acumulaba. Y el odio, como el amor, genera pasiones desenfrenadas.
Un día, pastaba tranquilamente la vaca feroz. Esta vaca, para que el lector no considere que estoy jugando con el mismo, no tenía nada en especial, con respecto a cualquier otra vaca de este temible reinado, sólamente esa furia desenfrenada al recordar los maltratos que acechaban a toda la población, y la tristeza que le producía la impotencia de no poder hacer nada.
Ideó un plan. Concibió una astucia estratagema para destronar de una vez por todas a tan temible enemigo. Y como en este cuento, habíamos empezado con "Había una vez un temible dragón...", hay que meter al temible dragón en esta historia.
Este pequeño pero astuto plan consistía en complotar con el temible dragón, a cambio de alimento para siempre. Lo que el dragón(y el espectador) no sabía es que las vacas de este cuento son muy astutas, pero también no cumplen con sus promesas.
Así que luego de convencer al dragón(que protegía el castillo del temible rey)de matar al mismo, convenció a sus compañeras de fingir que el plan era como el dragón quería.
Sin embargo, de la maldad sólo sale más maldad, ya que en este reinado, los pastos eran muy chismosos. Entonces, escucharon todo el plan, y como una gran bola de nieve, llegó a los oídos del temible rey, pero un poco distorsionado:
-¡El dragón quiere destruir a las vacas para hacerse con el poder de la ciudad!-comentó una voz.
-¡El dragón complotó con las vacas para hacer un festival de danza!-comentaba un pasto un poco amarillo.
-¡El dragón tendrá dragoncitos!-comentó la ardilla asustada.
El rey, ante tanta información, y ante tanta diversificación de opiniones, hizo lo que todo temible rey hace: hacer caso omiso y seguir disfrutando de su temible reinado.
Por supuesto, las cosas salieron como en todo cuento de hadas: el dragón destruyó el reinado, el reinado dejó de ser temible, y todos contentos.
Sin embargo, falta hilar una parte del asunto. La mentira al dragón. Si el rey era temible, el dragón podría ser peor. Pero como todos sabemos, las vacas de este cuento eran perezosas. Menos la vaca feroz. Y no le dieron importancia al tema.
Este cuento podría terminar cíclicamente si no fuera porque la vaca feroz, se le ocurrió otro astuto plan, y que no tendría que depender de otro temible ser: convertir al dragón en vegetariano. Si señor. En todos los cuentos, el dragón siempre es un carnívoro voraz, pero esta vaca consideraba que era carnívoro porque nunca había probado otra cosa. Y como a ellas les gustaba el pasto, y era tan rico, equivocadas no podían estar, ¿no?.
A pesar de que resultó bastante difícil, el dragón aceptó(un poco porque ya estaba harto de las vacas, otro poco porque le vencía la curiosidad y otro poco porque estaba podrido de ser vorazmente carnívoro y temible) y descubrió en los vegetales una serie de nutrientes que no había poseído nunca. Ahora, tenía un bonito tono azul(en vez de ese verde feo), y por su boca echaba ozono(no mucho sino se destabiliza la atmósfera).
Y colorín colorado, este cuento con final pedorro se ha acabado.
Había una vez un temible dragón por las llanuras de un temible palacio encantado por un temible rey. Todo era tan temible, que la paz se consideraba un oxímoron en este lugar. La esperanza valía su peso en oro, o sea, nada.
Este era el panorama de este reinado. El rey temible(el cual poseía un nombre también temible) maltrataba a sus súbditos, los esclavizaba hasta la muerte, y como ya hemos dicho y predicho, todo era temible. Era temible pronunciar la palabra temible. Era temible reírse, pensar, alabar, jugar a las cartas. Todo era temible. La nada era temible. Lo único que no era temible, era la muerte, que es indeterminada.
Sin embargo, como en todo cuento aburrido de hadas, y como con todo dictador, este rey maltrató tanto a una vaca(obviamente, el personaje principal de este cuento, sino, no se llamaría "La vaca feroz") que el odio empezó a acumularse. De a poco, de a gotita, pero se acumulaba. Y el odio, como el amor, genera pasiones desenfrenadas.
Un día, pastaba tranquilamente la vaca feroz. Esta vaca, para que el lector no considere que estoy jugando con el mismo, no tenía nada en especial, con respecto a cualquier otra vaca de este temible reinado, sólamente esa furia desenfrenada al recordar los maltratos que acechaban a toda la población, y la tristeza que le producía la impotencia de no poder hacer nada.
Ideó un plan. Concibió una astucia estratagema para destronar de una vez por todas a tan temible enemigo. Y como en este cuento, habíamos empezado con "Había una vez un temible dragón...", hay que meter al temible dragón en esta historia.
Este pequeño pero astuto plan consistía en complotar con el temible dragón, a cambio de alimento para siempre. Lo que el dragón(y el espectador) no sabía es que las vacas de este cuento son muy astutas, pero también no cumplen con sus promesas.
Así que luego de convencer al dragón(que protegía el castillo del temible rey)de matar al mismo, convenció a sus compañeras de fingir que el plan era como el dragón quería.
Sin embargo, de la maldad sólo sale más maldad, ya que en este reinado, los pastos eran muy chismosos. Entonces, escucharon todo el plan, y como una gran bola de nieve, llegó a los oídos del temible rey, pero un poco distorsionado:
-¡El dragón quiere destruir a las vacas para hacerse con el poder de la ciudad!-comentó una voz.
-¡El dragón complotó con las vacas para hacer un festival de danza!-comentaba un pasto un poco amarillo.
-¡El dragón tendrá dragoncitos!-comentó la ardilla asustada.
El rey, ante tanta información, y ante tanta diversificación de opiniones, hizo lo que todo temible rey hace: hacer caso omiso y seguir disfrutando de su temible reinado.
Por supuesto, las cosas salieron como en todo cuento de hadas: el dragón destruyó el reinado, el reinado dejó de ser temible, y todos contentos.
Sin embargo, falta hilar una parte del asunto. La mentira al dragón. Si el rey era temible, el dragón podría ser peor. Pero como todos sabemos, las vacas de este cuento eran perezosas. Menos la vaca feroz. Y no le dieron importancia al tema.
Este cuento podría terminar cíclicamente si no fuera porque la vaca feroz, se le ocurrió otro astuto plan, y que no tendría que depender de otro temible ser: convertir al dragón en vegetariano. Si señor. En todos los cuentos, el dragón siempre es un carnívoro voraz, pero esta vaca consideraba que era carnívoro porque nunca había probado otra cosa. Y como a ellas les gustaba el pasto, y era tan rico, equivocadas no podían estar, ¿no?.
A pesar de que resultó bastante difícil, el dragón aceptó(un poco porque ya estaba harto de las vacas, otro poco porque le vencía la curiosidad y otro poco porque estaba podrido de ser vorazmente carnívoro y temible) y descubrió en los vegetales una serie de nutrientes que no había poseído nunca. Ahora, tenía un bonito tono azul(en vez de ese verde feo), y por su boca echaba ozono(no mucho sino se destabiliza la atmósfera).
Y colorín colorado, este cuento con final pedorro se ha acabado.
